martes, 19 de enero de 2010

Sobre tí... 1.0

Si alguien en algún punto me pregunta en que momento comenzó todo, la verdad es que no se exactamente cuando fue.



Recuerdo tantas charlas nocturnas en las que te contaba tantas cosas, quejas, aventuras, confusiones, era fabuloso mientras estabas del otro lado de la pantalla. Cuando de la nada desaparecías y la cantidad de veces que me sentía con la necesidad de platicar con mi amigo que aunque me diera por mi lado al menos tenía la confianza para escribirle mis males.


Recuerdo también que hubo otras ocasiones en las que tocabas ese tema que tanto me molestaba y a la vez encantaba, en verdad era una dualidad bastante extraña, pero ya sabes; así soy. Siempre era lo mismo, casi las mismas palabras que me hacían sonreír (he de confesar que es una de esas cosas que cuando las recuerdo me producen una sensación extraña). Será que en algún punto quería exactamente lo mimo que tu y nunca me di cuenta? En verdad no lo sé y quizá no lo quiero saber.
Por otra parte es casi imposible olvidar de las innumerables veces que leí – ¡Que Pendejo! y las menos en las que leí - ¡Que Pendeja!
 
Todas esas tardes en las que a pesar de que había alguien bajo mi mismo techo prefería platicar contigo aunque estuvieras a kilómetros de distancia, en las que la mayor parte del tiempo me arrancabas más de una sonrisa sin importar que tan malo hubiese sido mi día, que tan mal me sintiera.
Y todos esos momentos en los que me sentía con una especie de síndrome de abstinencia hasta el momento en  que llegara la hora en la que estuvieras en la red para sentirme tranquila, capaz de quitarme la mascara y sonreír de la forma mas estúpida jamás conocida.

Nunca me di cuenta que tan importante eras para mí.
Y que esa propuesta de intentar algo… quizá no era tan mala.
Quizá era lo que necesitaba en ese momento.



Recuerdo como te convertiste en el soporte que necesitaba en ese momento para no caerme, como fuiste mi mejor compañero y amigo para todas esas clases en las que me miraban raro especialmente la del miércoles por la noche cuando en esa ocasión me miraron un poco más raro… ¿Cuántas horas fueron? No recuerdo exactamente… ¿Cuántas líneas? ¿Cuántas palabras? Todas hasta el momento en el que dijiste: -Cuando digas “No Más” será el fin. No tienes idea de que tan tentada estuve de decirlo… necesitaba hacerlo antes de que terminara peor de lo que estaba en ese momento. Y sabes? Hoy me arrepiento de no haber podido darle enter… ¿No más era lo que realmente quería decir? O era la manera de cubrir mi cobardía al no poder decir lo que comenzabas a mover dentro de mi.
 

Hasta el momento en el que creí que era buena idea irte a ver… todo se juntó, ese concierto al que moría por ir, la cena anual… tu invitación que al fin consideré en aceptar [necesitaba comprobar si algo estaba mal conmigo] me enfermé como pocas veces y en medio de la agonía, desapareciste de nuevo.


Cuando lo noté el síndrome de abstinencia había vuelto.
Y poco a poco todo se fue tranquilizando o bueno me fui “obligando” a olvidar, hasta que un día no pude más, no lo olvide, en cambio de volvió un tanto más bizarro de lo que ya era… ¿Cómo una persona a la que duras penas conocía podía hacerme sentir eso? ¿Por qué moría por decirte: ¡Sigue con lo que sientes! ¡Yo siento lo mismo!? ¿Cómo podías saber tanto de mi y yo tan poco?
¿Y por que demonios cada que intentaba llamarte no estabas disponible, no estabas para mi?´
Y ahora que lo pienso cuando me decidí a escribirte lo único que salió de mis helados dedos fue un –¡¡¡Te quiero cabron!!!


Patético… ¿no crees?

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